
El sistema judicial es como el brazo del Estado que garantiza el sometimiento de la sociedad al canon de las leyes preestablecidas. Se dirige por hombres que por su naturaleza intrínseca de justicia e imparcialidad deberían avalar el recto decreto del fallo. Muchos son los textos que pueden dirigirnos en la labor de encontrar su génesis, su desarrollo, su evolución, su teleología, sus errores, sus aciertos, y en fin cualquier cualidad que lo caracteriza.
Pero ahora preciso preguntaros ¿si tal encomiable sistema puede tener un fin?, ¿si puede ser destruido?, ¿si puede existir un evento natural o del hombre, futuro e impredecible, que como escena principal de aquella película protagonizada por "Bruce Willis" sea capaz de destruirlo de un solo golpe; en fin refirámonos al apocalipsis judicial. Pues bien, tales cuestionamientos parecieran más bien acertijos de aquellos imposibles de descifrar, o cuando menos de teorizar; pero tal como se arroja la pregunta, quizás sea factible emitir a la vez una posible respuesta:
Si tuviéramos un razonamiento meramente romántico o sensible pudiéramos traer a este campo argumentos tales como el que sostiens que la justicia es un bien tan máximo que no puede ser destruido, que se encuentra más allá del bien o del mal, que se encuentra fuera del alcance destructivo del hombre, etc. Si por otro lado fuéramos de un pensamiento meramente materialista pudiéramos sostener que al estar compuesto el sistema judicial por hombres y por una estructura material y jurídica, tal como fue creado o confeccionado puede ser igualmente destruido. Esto es pudiéramos poner a consideración de todos nosotros toda una serie de argumentaciones, tendientes a sostener distintas corrientes hasta "filosóficas" al respecto.
En cambio voy a atreverme a exponer esto. ..., "La justicia, o más bien el sistema que la ministra, hoy por hoy ha sido ya destruido", así es, hasta hoy no he conocido un ciudadano común que sienta confianza en los tribunales, en la justicia mexicana; por el contrario me resulta cada vez más común encontrarme con gente que lo último que quiere es someter su litis a la decisión del Juzgador; de cuando en más nos encontramos con quejas sobre utilización de influencias, favoritismos, intocables, manda mases, o de la existencia de preferencialismos en nuestros sistemas judiciales. Es mi particular opinión que esta incertidumbre, esta falta de fiabilidad y respetabilidad que pulula en la conciencia ciudadana, representa el armagedón del sistema judicial mexicano, esto porque si carecemos de confianza en nuestros tribunales, o inclusive los despreciamos, es un indicativo de que lo que una vez fuera honorable, justo y confiable, ha sido ya destruido, no requiero expresar mayores argumentos para que muchos -es más la mayoría-, concuerde con esta opinión.
Lo más importante es que todos nosotros somos quienes podemos reconstruir el sistema judicial, somos aquellos que podemos hacerlo glorioso, y creo que esta afirmación tendrá a muchos tratando de escudriñar de que lugar de este relato se desprende el ¿porqué somos nosotros quienes podemos?, ¿de que forma puede hacerse?, y ante tal duda, yo respondería:
"Somos nosotros porque hoy por hoy solamente los que estamos podemos; y la manera es haciendo valer nuestros derechos cívicos, naturales, constitucionales, y primarios, !votemos y seamos votados¡, dirijamos como conglomerado social el destino de nuestras instituciones, dejémonos de conformismos, levantemos nuestras voces por todos los lugares que puedan hacer eco, para acrecentar ese sonido de exigencia a los más altos peldaños gubernamentales".

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